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Cinco ingredientes con los que Theo aliñó el queso de cabra

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Patricia Parra – who has written posts on NoticieroDeportivo.com | .


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Sin haber cumplido 43 años de edad ya conjuró las dos maldiciones más famosas del deporte profesional estadounidense y tal vez de todo el hemisferio occidental: una, la del Bambino Babe Ruth, culpada en Boston por 86 años de sequía de los Medias Rojas, y la otra la de la cabra, maleficio de siete decenios dictado contra unos Cachorros de Chicagoque para 1945 (inicio del célebre hechizo caprino) padecían un embrujo sin nombre vigente desde 1908, última vez que los Cubs conquistaron la Serie Mundial (hasta el miércoles pasado). Theo Epstein, sin carrera como pelotero,  armado de conocimientos teóricos sobre beisbol, sentido común y un elevado coeficiente intelectual, revolucionó las Grandes Ligas como el chamán que hace llover hasta en los más áridos desiertos.

Epstein, quien a los 28 años de edad  fue el gerente general más joven en los archivos de las mayores al firmar con Boston en 2002, combatió la superchería con ciencia y saber. Aplicó en Boston los innovadores conceptos sabermétricos (pelota basada en evidencia numérica), pero con dinero en el bolsillo, que tanto faltó en la fórmula de “Moneyball”, el libro rompe dogmas donde se plasmó la novedosa filosofía gerencial del ejecutivo de  los Atléticos de Oakland, Billy Beane. Solo que, aplicada, a los A’s, no ha bastado, como lo ambiciona Beane, para ganar el último juego del año.

En contraste, la combinación de estadísticas y dólares (ball con money) fertilizó en forma de dos coronas (2004 y 2007) para una franquicia como la de Boston que traía hambre atrasada desde el título obtenido en 1918 con Ruth a la cabeza. Al cambiar al “Sultán del Bate” a los Yanquis de Nueva York se inició en Massachusetts un invierno glaciar, cuyos hielos “perpetuos” se derritieron a principios de la década pasada gracias al plantel armado por Epstein, con Pedro Martínez, David Ortiz, Curt Schilling, Johnny Damon y Manny Ramírez al comando.

Despachada la maldición del Bambino, Epstein asumió un reto mayor: ocuparse también de la cabra, montarla en la parrilla. Se embarcó en esa cruzada  a partir de 2011, sin haber soplado cuarenta velas. Dejaba un club enrumbado y se encargaba de otro que venía de ser penúltimo en la división Central de la Liga Nacional dos veces seguidas. Había mucho por hacer y bastante cómo fracasar.   Pendía sobre su cabeza, cual espada de Damocles, la creencia colectiva en el encantamiento de Billy Sianis,  el fiel tabernero que en la Serie Mundial de 1945 contra los Tigres de Detroit condenó a los Cachorros a no ganar nunca más la Serie Mundial. Esa fue su represalia cuando el dueño de los Cubs le negó  al chivo que Sianis tenía por mascota acceso al Wrigley Field para presenciar uno de los encuentros del clásico otoñal, sin importar que el animal iba boleto en pezuña. Como todos saben, desde la semana anterior, ya no hay más cabra. Su victoria sobre los Indios de Cleveland, luego de ir abajo en la serie tres partidos a uno, demostró que no hay imposibles. El éxito de los muchachos de Theo es el mejor antídoto contra la desesperanza aprendida en el deporte.

La generación que mató a la cabra confluyó desde distintos afluentes: unos fueron firmados y formados por los Cachorros. Otros llegaron a través de la agencia libre. Y algunos fueron tomados de otras organizaciones por medio de canjes. Cinco de esos movimientos que hizo Epstein le procuraron al equipo piezas esenciales en la finalización del sortilegio y deben considerarse auténticas genialidades.

2012: Anthony Rizzo y Zach Cates por Kyung-Min Na y Andrew Cashner.

Epstein sabía a la perfección de qué era capaz el inicialista Anthony Rizzo. Él mismo lo escogió en el draft universitario de 2007 para los Medias Rojas, si bien lo sacrificó en 2010 para obtener de los Padres de San Diego a Adrián González. En 2012, ya como ejecutivo de los Cachorros, lo repescó para acabar con la pava del chivo. Cedió a Andrew Cashner, estimado prospecto que ya había subido a MLB, y al surcoreano Kuyng-Min Na, quien mostró capacidad para embasarse el año anterior en los sembradíos de los osos. Para hacer el cuento corto, en este intercambio que hizo Epstein Chicago ganó un bateador que a los 27 abriles ha sido convocado tres años seguidos al Juego de Estrellas, suma un trío de zafras consecutivas con treinta o más jonrones, en 2016 tuvo números de Más Valioso (.928 de OPS, 32 HR, 43 dobles, 109 remolques) y además es finalista para el Guante de Oro en primera base. Todo eso por un serpentinero que dejó 5.25 de efectividad en 2016 y un jardinero que se extravió en el camino y que hoy en día está de regreso en Corea.

2012: Kyle Hendricks y Christian Villanueva por Ryan Dempster 

Epstein tomaba de los Rangers de Texas a un par de pichones por un aquilatado lanzador abridor que traía a cuestas cuatro temporadas seguidas con doscientas entradas y fue el tirador con más inicios en su circuito durante 2011, con 34. Al salir de Ryan Dempster, Epstein renunciaba a un brazo dos veces All Star, con votos para el Cy Young y más de dos mil entradas en MLB, a pesar de estar bajo la línea de los 30 años de edad. Christian Villanueva ya no cuenta, pero Kyle Hendricks muy posiblemente sea el Cy Young de la Liga Nacional en 2016 gracias a su EFE de 2.13 y WHIP de 0.97. Desde que llegó al norte de la Ciudad de los Vientos su tasa de anotaciones limpias permitidas por cada nueve actos transitados es de 2.92. Dempster, en cambio, dio tumbos por Texas y Boston antes de retirarse, hace dos años ¿Saben qué hace ahora? Es asistente del gerente general de un elenco de Grandes Ligas: Jed Hoyer, que trabaja con ….. los Cachorros de Chicago. Es decir, que recibió a un pitcher que lo ayudó a ganar la Serie Mundial por un asesor que lo ayudó a ganar la Serie Mundial. Genial.

2013: Jake Arrieta y Pedro Strop por Steve Clevenger y Scott Feldman

Al momento de hacer este movimiento, Feldman era integrante de la rotación de los Cachorros y Clevenger venía de tomar casi doscientos turnos arriba en 2012, mientras que Arrieta era uno de los peores abridores en las Grandes Ligas, tanto que los Orioles de Baltimore lo habían enviado a AAA, lo que llevó al pitcher derecho a considerar la posibilidad de retirarse y meterse a comerciante. Strop, a su vez, mostraba (in) efectividad de 7.25 con los oropéndolas. A cualquier fanático de los Cubs le acompañaba el derecho de alzar una ceja en señal de desaprobación. Pero Epstein sabía lo que hacía.  Había encomendado a su departamento de scouteo la misión de peinar las granjas vecinas en busca de lanzadores capaces de lanzar duro, pero que, por motivos ambientales, no estaban rindiendo con los elencos a los cuales pertenecían. Arrieta y Strop respondían a la descripción.

Los resultados están a la vista. Desde su mudanza a Illinois, Arrieta ha ganado un Cy Young, ostenta récord de 54-21, efectividad de 2.52 y en 2016 ofrendó 18 triunfos a la causa en temporada regular, más dos de las cuatro victorias en la primera Serie Mundial disputada por los oseznos desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Strop no recibió mucha confianza en la recién concluida postemporada, pero en la ronda eliminatoria tuvo un fenomenal WHIP de 0.88.

¿Qué han hecho Feldman y Clevenger a su salida del Wrigley Field? El pitcher, que solo pasó media campaña en Baltimore, tuvo buenos años con Houston entre 2014 y 2015, aunque en 2016 solo pudo brindar 77 entradas a los Astros y a los Azulejos de Toronto. Feldman no tuvo mejor desempeño que ninguno de los cinco abridores de planta para los Cubs este año.   En cuanto a Clevenger, sigue siendo un catcher suplente, que de paso avergonzó hace pocos meses a los Marineros de Seattle al tuitear que los afroamericanos que estaban en las calles protestando contra la brutalidad policial de la que han sido víctimas varios estadounidenses de raza negra debían ser “enjaulados como animales”.

2014: Addison Russell, Billy McKinney, Dan Straily y dinero por Jason Hammel y Jeff Samardzija. 

Por dos peloteros de ligas menores (Addison Russell y Billy McKinney) y un recién llegado a las mayores como Dan Straily, Epstein entregó a los Atléticos de Oakland a un par de iniciadores consolidados en la Gran Carpa como Jason Hammel y Jeff  Samardzija. Los hechos apuntan a que Epstein ganó de nuevo. Todo equipo ganador debe contar con un solvente campocorto y Russell lo es, tanto que aparece entre los candidatos a ganar el Guante de Oro gracias a su alcance, que le resta carreras a los rivales. Es un torpedero brillante con un bate peligroso, que soltó 21 bombazos y generó 95 rayitas en 2016 y dio maderazos importantes en playoff. McKinney le sirvió como carnada para traer desde los Yanquis de Nueva York a Aroldis Chapman, el cerrador más espectacular del juego.

¿Qué concesión tuvo que hacer Epstein? Solo Samardzija.  Porque a Hammel no lo perdió, lo prestó. Estuvo media campaña con Oakland, no muy exitosa, por cierto, y lo rescató en la agencia libre. En 2016 ganó quince encuentros para los Cubs, con 3.83 de EFE. ¿Y Samardzija? dejó EFE de 4.95 en 2015 con los Medias Blancas de Chicago y de 3.81 con los Gigantes de San Francisco en la contienda que recién finalizó. Russell, de 22 años de edad, vale eso y mucho más.

2016: Aroldis Chapman por Rashad Crawford, Billy McKinney, Gleyber Torres y Adam Warren. 

Con todo lo que le exprimió el brazo durante octubre al cubano Aroldis Chapman, hasta ganar por primera vez desde 1908, Epstein ya salió vencedor en este cambio. Es verdad que debió desprenderse de un valor para el mañana como McKinney y de una estrella en ciernes como el venezolano  Gleyber Torres, pero con Russell como shortstop titular por varios años podía darse ese lujo si Chapman lo ayudaba, como lo hizo, a convertir la maldición en queso de cabra.

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