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Contador, dispuesto a morir matando

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Patricia Parra – who has written posts on NoticieroDeportivo.com | .


Antequera (Málaga, España), 31 ago (EFE).- Ni un segundo de respiro ni un segundo de calma. Es la máxima que parece dispuesto a aplicar Alberto Contador (Trek Segafredo) a sus rivales y para ello se aplica al límite de sus fuerzas en cualquier mínimo resquicio que se le presenta para morir matando.

Los dólmenes de Menga, Viera y El Romeral, máximos exponentes del megalítico en Europa, han contemplado hoy a unos ciclistas que quieren permanecer a lo largo de los años en la historia como lo han hecho estos monumentos rocosos, aunque hoy casi se han tambaleado por el terremoto provocado por el irreductible Alberto Contador.

Para el líder Chris Froome (Sky) y su reto de conseguir imponerse en la Vuelta a España 2017, el madrileño se está convirtiendo en una piedra, aunque no del tamaño de un dolmen, en el zapato de la que no consigue deshacerse y que está empezando a ser un verdadero quebradero de cabeza.

En 2016, el colombiano Nairo Quintana (Movistar) se deshizo del británico de origen keniano con la colaboración de Contador camino de la estación invernal de Formigal y en esta edición, aunque en ningún momento lo ha dado por descartado, podía haber llegado a pensar que la crisis de la tercera etapa en Andorra la Vella lo dejaba descartado, pero se está encontrando justo lo contrario.

El objetivo de Contador era romper el orden establecido y hacer que el desarrollo de la etapa fuera por diferentes derroteros a los esperables.

Así su ataque, en principio perfectamente controlado por los hombres del líder, ha provocado la salida del guión del propio Froome con una doble caída en poco menos de 200 metros en un descenso aparentemente fácil, que ha volteado cualquier juicio de valor previo.

“Hemos dado el máximo en una bajada en la que, a pesar de estar seco, había unos brillos en el asfalto que daban mucho respeto”, ha explicado Contador al finalizar la etapa sobre la inesperada trampa en la que se ha visto cazado el maillot rojo.

En una jornada aparentemente sencilla, Contador ha seguido amortizando con sus competidores los 150 segundos que se dejó en el principado andorrano, mientras que Froome, que desde aquella misma jornada cada día que pasaba veía un poco más lejos a sus rivales, ha visto cómo por primera vez le recortaban tiempo.

Ahora está por ver hacia dónde conduce al británico este punto de inflexión en una renta que hasta ahora solo crecía. “Por suerte, estoy bien. Nunca es bueno caerse, pero no ha sido nada serio. Tenía a dos compañeros conmigo, Mikel Nieve y Wout Poels, que han estado fantásticos, y he podido limitar las pérdidas con el grupo de Nibali”, ha explicado tratando de tranquilizarse al finalizar la jornada.

En esta ocasión, el madrileño ha aprovechado la ascensión a un puerto calificado de segunda categoría en el libro de ruta, el Torcal, pero que por varias de sus rampas bien hubiese merecido una catalogación bastante más generosa. Varias zonas con porcentajes por encima del 11 por ciento han sido el lugar elegido para “lanzar el ataque que ha pillado por sorpresa”, según ha confesado el español Peio Bilbao (Astana) en meta.

“No se olía la tensión de otros días y parecía todo en calma hasta que se ha producido su ataque repentino”, ha destacado el vizcaíno.

Ha buscado, de la misma manera que ha hecho en otras de sus gestas como Fuente Dé (le dio la Vuelta de 2012), Formigal el año pasado o en la francesa Foix el pasado Tour de Francia, en la aparente improvisación la sorpresa.

Tras padecer dos días pasados por agua donde las piernas pesan más de lo habitual y la recuperación es un poco más penosa, la veteranía del madrileño le ha servido para despertar su mejor instinto competidor.

“A todos nos duelen las piernas y es un día de esos que hay pocas fuerzas pero hay que tener la decisión para intentarlo”, y a ello se ha aplicado con la ilusión de sus comienzos.

El balance no ha podido ser más positivo para sus aspiraciones porque se ha encontrado “en un escenario mucho mejor del que se podía esperar en un día como hoy”.

El podio ya lo divisa en el horizonte el pinteño a tan solo un minuto, aunque por delante tiene hasta seis ciclistas de los que deberá deshacerse.

Contador no deja de recordar a cada paso que da que uno de sus objetivos en esta Vuelta de su despedida de la elite es “disfrutar”, porque el público no deja de apoyarle y aplaudirle e incluso pedirle que se quede.

Pero lo que no deja escapar es que su ambición sigue intacta: “Cada día nos acercamos más, pero sin estrés. Si se puede luchar por la Vuelta, mejor, pero hay que ir día a día”.

Queda mucha Vuelta por delante, tanta como que, con lo queda por llegar, casi cualquier desenlace se antoja posible. Contador está empeñado en demostrar que así es. Viene desde atrás, pero sus rivales ya sienten su aliento.